Descubrí  los autorretratos practicando con la cámara nueva que en su día me había comprado.
En la medida que el tiempo pasaba iba experimentando que hacerme autorretratos me hacía bien. De alguna manera podía recomponer la imagen que tenía de mí con la que en realidad era. Así que de tanto en tanto sentía la necesidad de expresarme a través de los mismos.

Con el tiempo aprendí a retratarme si me siento triste, a fotografiar esa tristeza, otras veces me siento eufórica, otras sexy, otras veces quisiera ser otra persona porque por lo que sea me siento frustrada, me siento insegura, me siento de tantas maneras que ya no siento… Entonces pongo la cámara delante de mí y dejo que los cliks se vayan sucediendo uno tras otro… como cuando dejas correr el agua de la ducha y no la sientes ya.

No se trata de hacerse la linda, no se trata de un ego elevado, para mi hacerme autorretratos es de verdad una manera de auto observarme desde mi misma, porque muchas veces vemos en una foto lo que no vemos en la realidad. Y no siempre aceptamos lo que la foto nos muestra.

Es una manera de expresar o reforzar lo que quiero contar con palabras, es mi manera de contarle y mostrarle a alguien cómo me siento, o cómo una situación determinada me hace sentir.

Luego están los autorretratos cotidianos, esos que me muestran mientras la vida, mi vida, transcurre ya sea leyendo, cocinando, compartiendo con las personas que amo… Son importantes para mí estos autorretratos porque me los imagino todos juntos al final de la vida, me los imagino contando mi vida interna y la externa. Será interesante ver si a lo largo de los años he mantenido una cierta concordancia con quien soy y siento por dentro con lo que se ve por fuera.

Autorretratarse tiene ese no se qué, que de alguna manera calma, y en muchas ocaciones una se ve tan diferente a cómo pensabas verte en el momento de autorretratarte, y eso es justamente lo interesante, aunque queramos mostrar una u otra cosa a la larga la cámara te pilla, y se ve justamente lo que querías ocultar o mostrar de otra manera.

Es curioso, tal vez increíble pero de verdad los autorretratos sanan, y ayudan a mostrarnos a nosotros mismos. Nos dan seguridad, nos hacen perder el miedo de vernos tal cual somos, de aceptar que somos de carne y hueso y que puede que estemos lejos de los ideales que tenemos en nuestra mente.
Considero que todas las personas deberían en algún momento de sus vidas intentar “auto-verse” a través de autorretratos, no selfies.

Para hacerlo se necesita tiempo, y predisposición a ver lo que salga, lo que de verdad hay detrás de nuestra mejor sonrisa, debajo de nuestros jeans ajustados, de nuestras bragas divinas… y nuestros sostenes de puntilla.

Con el paso del tiempo y de muchos autorretratos una va quitando capas y capas y más capas, y cuando miras a la cámara simplemente te dejas ver… así tal cual… porque en realidad descubres que necesitas también verte así tal cual…

Sin añadiduras, sin poses… sin maquillaje… a partir de aquí los autorretratos se hacen casi indispensables de tanto en tanto porque es como tener una cita privada con nosotros mismos a través de la cámara.

 

¿Te animas? mientras te lo piensas prepararé la siguiente entrega, el cómo hacerte autorretratos.