Muchas veces somos fotógrafos reacios ante novios vibrantes que tienen unas determinadas necesidades logísticas como es por ejemplo el hecho que  las novias se cambien en sus casas. Preferimos, prefiero, un hotel, una habitación bonita, con buena luz, decoración adecuada, preferiblemente minimalista. De esta manera los novios realzan más, no hay muchos detalles por los cuales preocuparse y nuestras fotos, (y digo nuestras porque en estos casos somos los fotógrafos quienes velamos por esa estética, por esa armonía visual y compositiva,) lucirán impecables.

Editando las fotos de la última boda que realicé, en la cual el novio se vestía en el hotel y la novia en su casa, pude comparar. Y he sacado mis conclusiones que quiero compartir.

Mi conclusión es que “da igual” dónde se vistan los novios, da igual si deciden vestirse en una habitación de suite de hotel o en otra de uno por uno, llena de estanterías y muebles, con luz artificial o con luces de pequeñas velas y demás enseres o atrezzos. Lo importante es lo que sienten, lo importante es poder fotografiar sus emociones por encima de todo. Lo importante para mi como fotógrafa es fotografiar esa vibración, ese sentir.

Cuando decidí fotografiar a Anna en el estudio de su padre tal cual estaba, sin mover una carpeta de sitio, sin cambiar nada, absolutamente nada de lugar. Lo que quería fotografiar era el significado que esa habitación tenía en la vida de Anna, me la imaginé entrando de pequeña miles de veces interrumpiendo el trabajo de su padre.

Me la imaginé teniendo charlas con él…Estaba segura que una foto vestida de novia en medio de todo ese “desorden vital”, en medio de tantas emociones, sería bellísima, sería significativa, sería inolvidable. En ese instante se me ocurrió que estaría muy bién invitar a Anna a escribirle a sus padres unas líneas sentada en esa misma silla donde su padre pasa horas y horas… escribiendo y estudiando.

Unas líneas escritas en pleno momento de emoción, en el cual salen las palabras más profundas y sentidas, más simples quizás, pero de verdad las más sinceras… La foto conseguida puede que no sea artística, pero es real, es pura, es tal cual… y estará viva para siempre.
Estoy segura que así hayan pasado 50 años al mirar esta foto Anna podrá “re-sentir” esa emoción…

Luego la quise fotografiar en su habitación, y llegaron justo las amigas, mis ideas se fueron al garete, pero daba igual! esa habitación tenía tanta historia, estanterías con fotos suyas de niña, sus libros que eran realmente muchos… todo estaba ahí, su vida entera estaba ahí dentro esas cuatro paredes.

 

Por eso me encanta fotografiar a golpe de corazón… lanzarme sin pensar…

solo sentir y fotografiar lo que siento.

 

Haber fotografiado a la novia en su casa, en su ambiente, en su espacio tan cargado de historia, tan emotivo… me ha hecho ver cuán importante y bonito también es… porque mi cometido no es solo hacer fotos hermosas, fotos chulas, mi cometido con Fotografía Vivencial es hacer fotos vivas, fotos que año tras año, generación tras generación continúen latiendo…  despertando en quien las ve la misma emoción de lo que está viendo, conectando así con sus propias emociones y vivencias.  Cuando hago fotos estoy por las personas… es mi verdad, sinceramente no estoy ocupada en el entorno… en la composición, en la técnica, sino en sentir y vivir lo que siento, lo que estoy compartiendo, para guardar esa emoción, esa sonrisa, ese gesto.

Antes de terminar comentar que el novio se vistió por razones de logística en el hotel. Me pasó lo mismo, la habitación estaba genial para fotografiar, no había elementos molestos, ni cortinas inapropiadas, todo estaba en su sitio, perfecto… vamos era como un estudio fotográfico. Pero la verdad es que me fue igual, yo estuve por él, por las personas que le acompañaban, por los abrazos, por las lágrimas que asomaban, por el nerviosismo y felicidad y tantas emociones encontradas del novio, que me miraba y me decía tanto!!!

Estaba por sus amigos que vinieron desde latitudes como Brasil y Australia para estar ahí,

en esa habitación dándole un abrazo y brindando por su amigo de toda la vida…

De qué me serviría, me pregunto mientras edito y me emociono, un entorno cuidado y perfecto si las personas que viven ese día no vibrasen, no latiesen, “no estuviesen”.

Mi última conclusión es que a veces puede que debamos valorar lo que los novios valoran, lo que a los novios les venga mejor, aunque a nosotros no tanto. Es verdad que logísticamente para un fotógrafo el que los novios se vistan en un hotel facilita enormemente el trabajo, y la logística. Pero dejando este punto de vista y realidad geográfica a un lado. Creo que muchas veces nos ocupamos quizá demasiado de la estética de nuestras fotos… ponemos más peso a la estética fotográfica (que insisto es importantísima) que a las personas que fotografiamos. Y al menos en mi realidad mis novios no son modelos. Entonces novios queridos, lo importante es vuestro día vuestras emociones, vuestra vivencia!!! eso fotografío! eso me interesa más que nada!

Porque el resto… el resto se pierde.. solo queda la emoción del día más felíz.