Espiritualidad y emociones, conclusión del programa de Fotografía Vivencial para personas laicas consagradas, que viven en comunidad.

 

Realicé este programa dentro del marco formativo e interno de Renovación espiritual ofrecido por Rafcla (Red de acompañamiento y formación continua de Latinoamérica)

La propuesta realizada propone un recorrido visual y de autoconocimiento basado en el programa que los participantes realizan en esta formación de renovación espiritual ofrecida por Rafcla.

El objetivo de la propuesta: Emociones y Espiritualidad a través de la Fotografía Vivencial era que los participantes pudiesen conocerse a si mismos y conectar con sus emociones, más allá de la espiritualidad que viven y la creencia que profesan.

Los laicos consagrados viven según las enseñanzas del evangelio cuya premisa principal es: ser los primeros en amar.

¿Qué conlleva esto? En líneas generales se podría decir que ser los primeros en amar conlleva, entre muchas otras cosas, perdonar y abrazar las dificultades, salir al encuentro de los demás, generar espacios fraternos con otros laicos consagrados con quienes conviven, y también con la comunidad en la que están insertos.
Pero, ¿qué sucede internamente si esta filosofía de vida, basada en la espiritualidad colectiva, puede relegar a un segundo plano el autoconocimiento personal y emocional de las personas que eligen vivir como laicos consagrados?
Y este relegar emocional… ¿cómo puede afectar, o no, la relación interpersonal y cotidiana con quienes las personas consagradas conviven diariamente?

Este es el trasfondo del programa de Fotografía Vivencial que durante 5 meses hemos ido desvelando con los participantes de Rafcla.

En la medida que fuimos avanzando cada participante pudo tener ese espacio para autoconocerse y explorar sobre diferentes aspectos personales y hacerse preguntas como estas:

¿cómo me veo?, ¿cómo podría mirarme desde otra perspectiva? ¿Qué siento?

A lo largo del programa se fue construyendo un espacio seguro en el cual se tocaban temas a veces duros, a veces más profundos y personales, pero siempre desde la emoción que generaba en cada uno de ellos aquello de lo que se hablaba y que surgía espontáneamente en la medida que se comentaban las imágenes realizadas.

Compartir sus vivencias personales partiendo de una imagen que conectaba con sus emociones les descubría a los participantes una nueva perspectiva y también les facilitó conocer y conectar con las vivencias de los demás.
Para estos hombres relacionarse desde esta perspectiva supuso una revelación interna profunda y a la vez muy humana. Algo nuevo para ellos, teniendo en cuenta que, si bien están habituados a compartir experiencias de vida profundas desde la espiritualidad, no es común hacerlo desde la emoción.

Y esto así lo reflejaba uno de los participantes en su testimonio:

“La verdad es que aprendí más sobre mis compañeros a través de las imágenes que presentaban, incluso de un compañero que es de mi mismo grupo. Ahora puedo entender un poco más quien es.”

Otro comentaba:

“Me doy cuenta que a través de las imágenes nosotros comunicamos cosas también profundas pero muy diferentes a las que comunicamos en el grupo con quienes convivimos diariamente. Estamos habituados a compartir cosas que están más relacionadas a la vida consagrada que a nuestra vida personal y emocional. De eso hablamos poco.”

Trabajar con imágenes les permitió a los participantes conectar con las emociones que experimentan en cada una de sus experiencias vitales y que luego devienen en vivencias espirituales, y que normalmente, son estas vivencias las que comparten de manera natural pero obviando las experiencias vitales y cargadas de emociones y que originaron la vivencia espiritual.
Así esta nueva mirada, que integra las emociones, amplía la visión que cada uno tenía del otro, haciéndola más humana y por ende la relación interpersonal también se hace más cercana y familiar.

Este programa de Fotografía Vivencial para laicos consagrados fue un camino sencillo y aparentemente inocente pero que fue calando hondo en los participantes.

La imagen fue la puerta de entrada a sus emociones dándoles una nueva perspectiva y mirada a su vida espiritual y comunitaria.
Espiritualidad y emociones pueden convivir en armonía, la espiritualidad puede ayudarnos a regular nuestras emociones y las emociones gestionadas saludablemente nos ayudan a vivir una espiritualidad plena y consciente.
La una se necesita con la otra.

Aquí una pequeña galería con imágenes de los participantes.