18:00 horas de un miércoles, la calle María Aguiló, que está paralela a la Rambla Poblenou estaba a tope. Mi andar contrastaba con el frenesí y las caras de cansados de algunos que venían en automático. Quizá yendo a recoger los niños de extra escolar, quizá yendo al super, o tal vez volviendo del trabajo.

Yo caminaba lentamente, aunque me esperaban, pero no tenía hora exacta de llegada, me gusta pasear por allí observando, porque en esa callecita siempre pasan muchas cosas y no se ven…pero ahi están, me gusta ver la gente del barrio que si bien nos conocemos de vista no nos saludamos, y sigo sin entenderlo.

Y entonces venía ella, con sus pelos al viento, imagino que con olor a escuela, la sonrisa llevaba restos de merienda, algun cabello rebelde se le cruzaba en medio de los ojos felices. Llevaba pantaloncitos cortos, mochila pequeña. Andaba en patinete, detrás de ella le seguía su madre con paso más lento, rostro cansado… la miraba pero sin verla mientras ella venía hacia mi… cantando a todo pulmón ME COMO LA VIDA!!! ME COMO LA VIDA! y el sol, que ya comenzaba lentamente a bajar le iluminaba la carita… la infancia!

Como siempre, creo que quizás solo alguién más reparo en la frase, estamos siempre tan apurados, tan dentro el móvil, tan fuera del entorno que transitamos. Estamos tan fuera, tan ausentes, tan dispersos y tan lejos a veces que la vida nos pasa al lado, nos hace cosquillas y ni nos enteramos…