Las dos eran princesas de unos 4 años, una llevaba un vestidito blanco con flores rojas, sandalias blancas y bolsito de mano color natural. La otra camuflaba su realeza debajo de unos leggins negros con camiseta de colores y mochila sport.

Ambas alzaban la voz diciendo:
¡Somos princesas! ¡somos princesas! y reían súper contentas mientras una de ellas sostenía una corona con “brillores” plateados sobre su cabeza. ¡Estaban tan lindas!

Me quedé pensando (mientras transitaba con mi loock urbanita de jeans celestes rotos, camiseta azul, pelo recogido con una pinza en mi bici de colores) en todas las mujeres anti-princesas, anti rosas, en todas las mujeres pro-princesas, pro rosas. En todas las niñas que ni siquiera comprenden a los 4 años que es una cosa o que es la otra. Ellas solamente se dejan llevar a ser como sienten y en realidad son. El resto es cosa de todas las que una vez fuimos niñas y en la medida que crecimos jugamos a ser una u otra persona dejando de saber a veces quienes SOMOS en realidad.

Quizá por eso las etiquetas, lejos de repudiarlas, en el fondo y no tan en el fondo nos vayan así de bien en más de una ocasión.

Fotografía sin cámara:
Las fotografías sin cámara son fotografías que hubiese hecho pero no tenía la cámara, entonces las hago con el corazón y las escribo con las mismas emociones y sentimientos con que hubiese tomado la fotografía en cuestión. Son pequeñas historias que se nos pueden pasar inadvertidas pero ahí están, latiendo delante nuestro.