Ella tenía el pelo largo y moreno hasta bajo la cintura, atado apenas con una media cola. Llevaba falda negra y corta, medias también negras translúcidas, bambas negras con cordones blancos, camisa azul y jersey gris y ochentero por encima.

Él tenía los pelos revueltos y rizados, ojos claros, no tenía barba aún, ni indicios de tenerla, pero era claramente el novio de ella.
Ambos venían a los saltos como dos niños y abrazados, él llevaba el monopatín bajo el brazo y la típica mochila colgando. Reían felices, mientras el pelo de ella saltaba al ritmo de los pasos. Reían a carcajadas, la gente mayor que estaba junto a mi en la parada de bus de la calle Gran Vía les miraba resoplando, ¿tan lejos habrá quedado el recuerdo de su propia adolescencia pensé?
Ellos seguían riendo, ella por momentos se adelantaba y venía corriendo hacia él. Que la esperaba con su mochila de estudiante y los cascos blancos colgando del cuello, el móvil en la mano intentando fotografiarla a ella que le miraba feliz, enamorada, dulce, plena con su falda al viento, su pelo largo.

Entonces surgió la nueva ocurrencia, escuchar música con los mismos cascos, ¿pero cómo hacerlo? Entre risas se colgaron la mochila compartiéndola y así quedaron unidos por la misma. Como no daba de sí la mochila surgieron las risas otra vez. La gente pasaba a su lado con cara huraña… Ellos seguían ajenos, aislados del mundo. Al final lo consiguieron, sólo quedaba elegir la música, entonces se abrazaron, compartiendo la misma mochila, el mismo monopatín, la misma sonrisa, la misma música… y quizás puede que la vida entera.

Yo les dejé ofreciéndoles una sonrisa desde el bus, ellos me miraron con complicidad. Desde otro lugar, desde su plena y bella juventud, desde su primer gran amor quizás, desde la autenticidad de ser ellos mismos. Fue inevitable mirarles por última vez y emocionarme recordándome también con mi pelo largo, mis pantalones desgastados de colores, mi cara lavada… y el mundo entero latiendo por encima y por debajo mío, lo de alrededor qué más daba! lo del más atrás ya ni me acordaba, y lo de más allá era igual.. Esta bella parejita hoy me removió el alma y sonreí quedándome llena de nostalgia, melancolía y tanta dulzura.

La vida es hermosa y transcurre delante nuestro con su magia, su ser….

Nota:
las fotografías sin cámara son eso, fotografías que hubiese hecho pero no tenía la cámara, entonces las hago con el corazón y las escribo con las mismas emociones y sentimientos con que hubiese tomado la fotografía en cuestión. Son pequeñas historias que se nos pueden pasar inadvertidas pero ahí están, latiendo delante nuestro.