Son muchas las veces que voy por la calle y fotografío sin cámara. Es más, en mi ordenador tengo una carpetita a la que llamo “fotos sin cámara” en la cual voy escribiendo pequeños textos de las fotos que he visto pero no fotografié. Ya sea porque no llevaba la cámara o porque el instante fue tan pero tan fugaz que preferí observarlo.

Considero que hacer fotos sin cámara es altamente eficaz, porque aprendes a mirar, a sentir, a prestar atención en los miles de detalles que a diario vemos y se nos pasan desapercibidos.
Cuando salimos a fotografiar sin cámara de repente vemos muchas situaciones o detalles que con la cámara se nos pasan desapercibidos.

Cualquier foto que hagas, primero tienes que hacerla con el corazón, con tus propios ojos. La cámara (sea cual sea) es tan solo la herramienta para guardar lo que TUS ojos han visto primero.

De esta manera, y casi sin darte cuenta, te vas haciendo visualmente más sensible, más alerta, más predispuesta a ver esas “simplicidades” que antes se te escapaban. De repente se te descubre otro mundo, que es el mismo que has visto muchas veces, pero ahora lo ves de verdad.

La fotografía es sentir lo que ves y te llama la atención, es decidir si lo guardas o no en un instante, que es algo que en realidad lo decide tu corazón. Las cámaras claro que importan, pero si no tienes esa chispa visual las súper cámaras tampoco te ayudarán a tenerla. Claro que harás súper, nítidas e impresionantes fotos, pero serán solo eso: fotos chulas sin amor… sin sentimiento.

Déjate guiar por TU ojo, por tu corazón, por ese detalle, esa situación que sin saber porque te llama la atención. Puede ser un color, un gesto de una persona cualquiera, un detalle en una ventana… Mira, mira hacia todos los costados.

 

Siente lo que ves: esas serán tus mejores fotos.