Me encantan las consultas que llegan a mi mail y comienzan masomenos así:

Hola me llamo Martina y te escribo porque necesito hacerme unas fotos profesionales para mis perfiles en las redes y CV pero salgo siempre muy mal en las fotos y no me gusta que me hagan fotos…

Y más motivos…

Me da mucha vergüenza, odio que me hagan posar, nunca me hice fotos, tengo unas manías con mis manos, no me gusta como salgo en las fotos, mis ojos son muy diferentes y se me nota, me río y quedo fatal… Después de todas estos posibles obstáculos viene la mejor parte..

Crees que podría hacerme unas fotos y quedaría bien??
Últimamente casi todos los mails que me escriben tienen alguna de estas objeciones, tanto para fotos profesionales como para fotografías familiares, siempre hay alguien que detesta las fotos… Por eso aquí va un pequeño post para que perdáis el miedo a la cámara, a vosotros mismos, y cambiéis el chip… Una sesión de fotos  es una experiencia personal como cualquier otra, pero íntima…

El primer objetivo para mi es hacer sentir cómod@ a quien tengo delante, por eso nada mejor que conocernos sin cámara, y así la persona a fotografiar se siente más liberada al explicarme personalmente cuánto odia las fotos, o cuánto le cuesta o incómoda pero por razones profesionales se ve en la “obligación” de hacérselas. Una vez acordado el día es esencial comenzar con un café en algún lugar que invite al diálogo, me bastan 15 minutos.

En los cuales la cámara poco a poco va saliendo de la mochila, se deja ver… mientras la conversación continúa. Llega el momento de salir a la calle y ya noto cierta tensión, suerte que en la calle siempre hay cosas que ver, y comentar y de que reír, es ahí cuando los primeros clicks se dejan oír, produciendo risas algo incómodas! Y eso que comencé por los pies!!!

Pasa una media hora y la cosa comienza a cambiar, ya los cliks no molestan tanto y la charla comienza a ser la protagonista para dejar a la fotografía en un segundo lugar, disfrutando así de la mutua compañía.

Sin darnos cuenta y sin que la persona lo perciba llegamos a la hora de esta curiosa experiencia en la cual mientras charlas de todo un poco te haces unas fotos. Así llega el momento en el que mirar al otro a través de la cámara no incómoda, es más ni siquiera importa ya, y son en los últimos minutos cuando la confianza triunfa y quien tengo en frente se deja fotografiar sin vergüenza, se deja ver tal cual es.

El dejarse fotografiar es algo íntimo, porque cuando otra persona te esta haciendo fotos te sientes incómodo y te ocultas en poses y sonrisas para la ocasión, lo que yo intento en mis  “sesiones” es que esas sonrisas sean porque así lo siente quien tengo delante, porque las poses que se ven en las fotos son en realidad gestos congelados propios de esa persona que ni se dio cuenta que los hacía mientras conversábamos o me contaba sobre su trabajo. Porque es ahí donde reside su personalidad, particularidad y sensibilidad, esa que tanto queremos transmitir cuando se trata de fotografías personales para utilizar en redes sociales, CV y para la vida misma!! Son esas imágenes las que perduran…