Ultimamente estoy viviendo y conociendo personas e historias que no me dejan indiferente, independientemente de cuanto les conozca, o si es fugáz, casual y no tengo tiempo de preguntar ni tan siquiera sus nombres, pero lo importante de estas breves o no tan breves historias y las personas que las protagonizan, es la huella que dejan en mí… huella que me hace repensar para algunas veces descubrir y otras redescubrir, pero siempre crecer…

Aqui la primer historia….

A Inma la conocí primero de lejos y por oído de una amiga que en un lejano café, al conocer mis ganas de fotografiar un parto, me invitó a una charla en la cual Inma hablaría sobre el parto natural. Recuerdo que me llamó la atención el como las futuras mamás escuchaban sus palabras como si se tratase de un bálsamo natural, el cual poco a poco les iba calmando(así naturalmente) sus miedos, sus dudas. Las palabras de Inma poco a poco iban quitando capas y capas de tanta y tantísima información que traían (de revistas, internet etc etc), para devolverles el instinto y sobre todo la confianza en ellas mismas, en sus cuerpos, porque como bien decía Inma en aquella oportunidad, estamos hechas para parir.

Llegó la oportunidad de fotografiar mi primer parto, el cual fue algo largo y entonces tuve la oportunidad de conocerla desde un poquito más cerca, y ese mismo día se abrió ante mí una ventana, una ventana gigante que me transportaba a la vida en estado puro, un viaje en el tiempo, a aquel tiempo en el cual se calentaban ollas con agua caliente y se intentaba hacer más llevadero el dolor propio de abrirse a la vida con paños en la frente, con una mano que cogía a la otra  mientras susurraba unas palabras al oído de esa mujer a punto de ser madre. Si, estaba en mi primer parto natural, y en los partos naturales a parte del agua y los paños se utiliza el amor, que trae a la paciencia, y el respeto por la vida que se abre camino, pasito a pasito…

Y así fue como en cada parto vivido y compartido fui conociendo algo más a Inma, en esos minutos en las cocinas, mientras los papás están volcados a la tarea de dar a luz, mientras entre calentamiento de comidas y tazas de café en mano me fue contando pinceladas pequeñas y tenues de experiencias fuertes. Fui descubriendo a la persona, fui entendiendo que esta mujer lleva la vida en cada poro de su piel, en cada célula, que acompañar a dar a luz es su estado natural… No es su trabajo para ganarse la vida, sino más bien, su filosofía de vida y amor… Por ello mismo este lunes no me sorprendí al ver cómo celebraba el nacimiento de Lola, como brillaban sus ojos azules mientras le caían las lágrimas, cómo abrazaba eufórica a sus compañeras, cómo si fuese el primer nacimiento que viera en su vida, y entonces entendí que Inma vive cada nacimiento como lo que es, único e irrepetible, lo celebra y lo honra con la felicidad y plenitud propia de quien de verdad ama la vida y es consciente de ello como de que solo nacemos y vivimos una sola vez…

Gracias por esa templanza y pasión por la vida… Por compartirla y transmitirla…