Necesitaba un corpiño, tengo bastante pecho y  siempre es la misma búsqueda del tesoro que se me hace eterna y algo tan simple se convierte en un largo peregrinar por tiendas de todas las marcas, sin encontrar el corpiño que necesito.

Así fue que una amiga me recomendó la mercería de Montse:

– Vas allí le explicas que necesitas y ya verás no necesitas ni decirles que talla usas.

Y con esta premisa me acerque a la pequeña mercería de mi barrio. Al entrar me encontré con pilas y pilas de cajas, piezas de ropa interior colgadas aquí y allá, y una señora mayor con plumero en mano removiendo el polvo entre la estantería, mientras otra atendía a una señora que se probaba un bañador, mientras su marido bromeaba fuera el vestidor.

Mi pensamiento inmediato fue:  vaya… y aquí encontraré lo que necesito?

Llego mi turno, le explique entonces a aquella señora lo que necesitaba. Y la magia comenzó, inmediatamente deduje que aquella señora era Montse, porque tal y como me había dicho mi amiga, no necesité decirle que talla usaba, los diferentes modelos iban llegando al probador sin preguntar nada, y todos me quedaban a la perfección!  Montse me hizo sentir especial, y mi agotadora tarea de conseguir un sostén se convirtió en una experiencia de compra. No estaba en ninguna tienda con perfume personalizado, en ningún probador de diseño, ni mucho menos había una música haciéndome sentir “diosa” lo que había era una atención 150% personalizada y dedicada con mimo a lo que yo necesitaba. Una atención con sonrisa, que repito, me hizo sentir especial.

Y faltaba lo mejor… Una vez me decidí, había que encontrar entre todas las cajas y cajoncitos de la tienda los tirantes del modelo que iba a comprar. Y aquí aparece en escena María, que  cuando yo había entrado ella estaba quitando el polvo. María resultó ser la madre de Montse y fundadora de aquel pequeño imperio. Me atendió con la más dulce de las sonrisas, con la más convincente autenticidad de sus 85 años, con el orgullo de llevar 35 en esta pequeña gran mercería.

Mientras María remeneaba por los cajones fue inevitable conmoverme hasta contener las lágrimas porque María me hizo recordar y concientizarme de cuanto necesito y extraño a mi abuelita.

Al final encontró los tirantes y como el primer día, hace ya 35 años, María me hizo un descuento del 10% en mi compra, se supone que ese 10% solo lo aplicaría para la inauguración, pero lleva todos estos años haciéndolo.

Salí de aquella pequeña tienda feliz y emocionada, quien me iba a decir que un simple sostén sería motivo de una experiencia y emoción semejante!

Al día siguiente volví no como clienta, sino como fotógrafa, y aquí están Montse y María…