Es de esas personas pequeñas, de ojos pequeños, sonrisa pequeña. Es de esas almas pacíficas que en la adultez conservan la alegría, simpleza y grandeza de la niñez. Es de esos seres que al marchar te dejan el resplandor de su luz, no por lo que te dicen, sino por la sensación de pacífica alegría que te dejan en el centro del pecho, justo allí donde nacen las buenas sensaciones, esas que nos hacen sonreír.

Carlos es de esas personas que concretan esos tópicos de que la felicidad reside en las pequeñas cosas. Y mientras escribo estas líneas pienso en su templanza, en su simpleza, que es su fortaleza, que es su vitalidad, que es todo eso, y tan solo todo eso lo que me hace quererle tanto.

Y cada pequeña oportunidad de estar con él es para mí motivo de alegría, y vuelvo a sentirme un poco nena.