La vida en pareja, gran ciencia… Gran desafío el de compartir nuestro día a día con esa otra persona. Compartir, eternamente compartir, y negociar también, desde que lado de la cama estaré hasta donde vamos o no vamos de vacaciones, qué porcentaje de tiempo compartimos y que otro porcentaje reservamos para nuestra vida personal. Y tantas otras decisiones que afectan no solo a la vida de uno, sino de los dos.

Cuando miro nuestras primeras fotos de novios y miro las actuales es inevitable  reconocer cuánto pero cuánto hemos cambiado. Cuánto hemos resistido al cambio del otro, porque a lo largo de los años uno va mutando, vas añadiendo capas a la frescura, a la espontaneidad, hasta a las cosquillas que en una época eran normales. Alguna noche caigo en la cuenta de cuántas veces había deseado cuando éramos novios dormir con él cada noche… poder dormirme abrazada, y al cabo de los años es ya “tan normal” que pierde valor, pierde encanto. Y se convierte en otra cosa más…

Entonces recapitulo, y lo abrazo concienzudamente rememorando mis sueños de 18 años. Este solo gesto me hace mucho bien para revalorar y estar cerca otra vez, cerca con la novedad de estarlo. Y es que vamos siempre tan de prisa, tan preocupados y ocupados. Tan con nuestras cosas, tan con las de las nenas. Con las ideas los proyectos…

Todo esto viene a cuento de San Valentín, el GRAN día de los enamorados. En las redes sociales circulan desde hace días las postales con las más variadas ofertas para regalar. Cada una más original que otra. Personalmente creo que puede ser un día de esos especiales en los cuales “redescubrir” el porqué amamos a la persona que tenemos al lado. Un día en el cual podamos hacer balance de cómo va nuestra vida de pareja. Qué echamos de menos en la otra persona, qué valoramos especialmente, qué perdimos hace tiempo ya… desde nuestra época de novios, ¿podríamos recuperarlo?

 

Mirar fotos… de las primeras, reír juntos, hacernos otra vez cosquillas.

 

San Valentín existió de verdad, y era un hombre que creía en el amor, y que en la época romana oficiaba matrimonios en secreto. Me imaginé bodas tan distintas de las actuales, bodas en las que de verdad solo estaba el amor… el amor simple, sin glamour, sin poder ser gritado a los cuatro vientos. Ufff se me hace realmente insoportable esta última idea.

En lo que llevo escribiendo ya sé que vamos a hacer el sábado… =)

 

Si después de leer te inspiras y quieres guardar la historia y el presente que compartes con tu pareja, aquí estoy… Mi propuesta no son fotos de besos y abrazos, no solo eso, sino lo que provoca esos arrumacos. Ya sabes a mi me emociona poder guardar vida! La simple, la de todos los días… la que transcurre mágicamente, la que cuando seamos mayores recordaremos como una época luminosa…

 

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