Ser emprendedora, cuánto cuesta, cuanto duele… Parece tan fácil, tan simple, tan rápido. Tan seguro y tan obvio que una pueda vivir de lo que le gusta,  pueda ganarse la vida haciendo lo que más ama. Lees millones de páginas, recibes miles de Newsletter de taaaantas y tantas mujeres que lo han logrado, y desde su gloria te escriben los cientos de trucos que de un día para el otro te harán también a ti llegar hasta ahí.

Yo digo que no es fácil, que no es simple, que no sirve colgarte delante el ordenador horas y más horas. No es la receta de todos los otros la que a ti te va a ir bien. No son sus tips los que te traerán el estrellato… que va…
Ser emprendedora es tan complejo, no es un camino de rosas, y tampoco basta con que tú te lo creas, aunque es gran parte y la más importante. Pero el 25 % correspondiente a que te den la oportunidad es de verdad puñetero… Difícil y muchas veces burocrático.

Es duro enviar mails, muchos mails y no recibir respuesta, y ver como otros si las obtienen, y tu trabajo y propuesta no están mal.  Te machacas días enteros dándole vueltas y más vueltas a porqué tu no y los otros sí. Entonces comienzas a mutar a cambiar, a modificar tu proyecto, tu instinto en pos de las masas y de justamente los Newsletter que recibes.

Sigue pasando el tiempo y te ves abajo, cada vez más abajo, porque no sabes escribir “marketineramente” no sabes hacer “investigación de mercado” no sabes rellenar el “ceo” para que todos te encuentren, y tampoco sabes publicar una y otra y otra vez esos cartelitos con ofertas, con muchas ofertas.  Con tipografías divinas y diseños impecables… (Tu sabes hacer lo que sabes hacer, en mi caso fotografiar personas y vida) Tienes la intención, claro que la tienes, pero puede que seas madre, puede que el tiempo no alcance, y el dinero para que te lo hagan tampoco, almenos al inicio.

Ser emprendedora muchas veces duele…

Vives angustiada, cuando se debería vivir pletórica porque estas gestionando tu propio proyecto, pero no… no llegas. Aunque la cuota de autónoma sí que llega y puntual. Entre otras puntualidades claro.
Y entonces, ¿qué haces? Cuando ya te sabes toooodas las recetas, tooooodos los trucos, toooodas las frases marketineras…

¿Sabes lo que hice yo? Dejé de mirar, dejé de leer, dejé de hacer marketing, dejé de sentirme tan presionada “por el mercado” y “lo que se usa” y me tomé mi tiempo para pensar y reorganizarme. Para escribir posts cómo este que son cualquier cosa menos marketineros, pero está escrito en un momento de esos que una se siente inspirada por compartir la “verdad” sin edulcorar sobre vivir haciendo lo que a una le gusta y la llena. Sobre lo que una se fue encontrando en el camino, y te digo que ha día de hoy estoy contenta, me siento más segura y puedo pagar mi cuota de autónomos, aunque muchas veces tenga mis dudas. Pero me siento bien porque puede que me lleve más tiempo llegar hasta ahí, pero necesito sí o sí ser yo misma y que las personas que contraten mi servicio al conocerme sientan que ya me conocen y que cuadro perfectamente con la que siguen en las redes sociales. O incluso supero a la que leen en el blog.

Porque me ha pasado de ir a un seminario de formación de alguna fotógrafa que lo hacía súper bien en las redes sociales,  y al conocerla sentí que la que conocía a través de las redes no era la que estaba conociendo personalmente. Y si bien el seminario estuvo genial, me quedé con una sensación extraña.

Soy consciente de que he llegado a un punto en el cual ya no hay vuelta atrás, porque ya aposté por lo que me llena y en lo cual puedo dar solo lo mejor de mí. Y la verdad que vale la pena ir sacando lastre, ir conociéndonos y adaptar tooooooodo lo que leemos a nosotros mismos, a “nuestra manera”. Yo no reniego del marketing, ni de los tips, pero todo eso lo debemos “personalizar”. Y cuando comenzamos, que vamos tan perdidos, y sin un duro, creemos que lo hemos de hacer tal cual, y no, no es así. Debemos hacerlo como mejor nos parezca que a nosotros y por nuestra manera de ser y expresarnos nos funcionará.
Y que bien me siento de haberlo escrito, así de un tirón… así de radical… y real.

¿Te ha pasado a ti también? comparte tu experiencia, puede ser de utilidad a otras tantas personas que se lo están planteando.