Hace  2 semanas que volví de mi país, Argentina. Ahora que aún tengo las emociones a flor de piel quiero compartir la “sensación” de volver de la Raíz.
Es una pregunta que tanto las personas de allí como las de aquí me hacen antes de partir y al volver.

Siempre les respondo lo mismo, es una sensación tan rara, a veces contradictoria. Volver a la Raíz lleva su tiempo. Cada vez que vuelvo siento ansias por volver y a la vez miedo de que algo haya cambiado tanto que me sienta rara, confundida y distante. Cuando llego tengo ganas de abrazar a mis seres queridos, de recorrer las calles, que ajenas al paso del tiempo permanecen inalterables, como si siempre estuviesen a la espera que algo o alguien les cambie.

Con las personas es diferente, la ausencia física año tras año va haciendo mella, y los vínculos a veces se van debilitando. Es inevitable, uno se convierte en fantasma, el día a día se pierde entre tantos Km de distancia. En dos horas se hace imposible “recomponer” tanto vivido en ausencia del que no está. Por ello la agenda, en cada vuelta, se va haciendo más pequeña, y el número de personas a visitar se reduce cada vez. Solo quedan las raíces gruesas que a lo largo de la vida me sostienen, y me siguen manteniendo en pie independientemente de la distancia y el tiempo. Cada encuentro es entonces un reanudar la última charla, y profundizar las frases sueltas de whatsapp, aclarar las “entrelineas” de los chats, y ponerle cara a las voces angustiosas de las breves conversaciones telefónicas.

El tiempo siempre se hace corto, y siento que nunca alcanzo a repartirme tanto como quisiera, tanto como necesitaría. Los días pasan rápido, increíblemente rápido y no siempre consigo “reconocer” de verdad a mis seres queridos, porque ellos cambian, yo cambio. Yo conozco el entorno donde transcurre la vida de ellos, pero la mayoría de ellos no conocen mi entorno, y a veces esto hace que estando frente a frente la distancia continúe, porque hay detalles, hay circunstancias que no se pueden comprender del todo si no se conoce el lugar donde acontecen. La cotidianidad entre un continente y otro es tan diferente, y nos marca tanto. Se hace complicado explicar todo lo que siento cada vez que vuelvo a mi tierra, y todo lo que siento cada vez que retomo mi vida aquí en Barcelona.

Cuando bajo del avión que me trae desde Argentina siento como si saliera del túnel del tiempo, como si fuese un sueño haber estado tantos días, haber disfrutado tanto, haber abrazado tanto…

No es lo mismo regresar de vacaciones, que regresar de haber abrazado a la Raíz, no es lo mismo para quien se queda y quién se va.